Documento en Blanco

El joven Johannes se levantó aquel día como todos los días. Con la obligación de ir al trabajo, pero con un peso del alma tan grande, que a duras penas pudo bajar a la cocina a tomar el desayuno.

Su madre le advirtió “come toda tu comida, o las brujas se la llevarán” broma con que siempre le animaba a comer antes de ir a lo que él imaginaba como un horrible trabajo: un centro de copiado de libros. Ahí la labor era pesada y solo la tradición familiar junto a la necesidad de comer, le lograban convencer de ir.

Las responsabilidades de Johannes incluían el tallado de los tipos, pequeñas fichas con la forma de las letras. También se encargaba, cuando su tío el jefe estaba de buen humor, de montar las páginas para su impresión. “Ojalá me permita imprimir hoy” era un pensamiento cotidiano pero que pocas veces se lograba convertir en realidad. Solo los talladores más experimentados podían recibir la confianza suficiente como para arriesgar todo ese precioso trabajo de crear los tipos en la impresión de una hoja de texto. Corria el siglo XV y los libros eran cosa muy delicada.

Así Johannes dedico la mayor parte de su vida a una labor pesada de la que no gustaba. Su sueño fue siempre lograr una forma simple de hacer su trabajo. No podía dedicarse a nada más, así que siguió su instinto e inventiva y termino dando al mundo un objeto de lo más transcendental: la imprenta.

Johannes Gutenberg diseño la imprenta de tipos móviles luego de años de esfuerzo y desarrollo. Todo lo que invirtió en ella le pareció poca cosa, al lado del esfuerzo extraordinario que demandaba el copiado de un libro en sus días.

Cada letra tallada por separado, cada página compuesta a mano, cada folio impreso con cuidado y esmero, y sin embargo todo ese esfuerzo se perdía en poco tiempo dada la fragilidad de los tipos utilizados. La gran novedad de la imprenta no era la técnica en si misma, sino la posibilidad de agilizar el trabajo al simplificar la creación de las letras y la composición de las páginas. Gutenberg utilizo metal para los tipos y pequeños moldes que le permitían crear todas las letras que quisiera con un poco menos de trabajo manual.

Es admirable lo mucho que ha avanzado la tecnología. Hoy en día generamos documentos en pocos minutos, dedicando poca atención a toda la infraestructura que es necesaria para lograr tener una hoja de papel con nuestro pensamiento plasmado en ella.

Quizás las opciones de formato de un procesador de texto moderno no sean tan difíciles de usar como una imprenta de los tiempos de Gutenberg, pero es una irresponsabilidad el pensar que solo por esa facilidad nadie debe ocuparse de los detalles detrás de cada documento.

Es mi tesis aquí, que incluso una humilde hoja en blanco -con sus opciones de margenes, estilos de edición predeterminados, cabezas y pies de página- debe ser objeto de cuidadoso diseño.

No solo para respetar la memoria del joven Johannes y de todas esas comidas que las brujas no se comieron, sino para lograr también, que nuestros documentos tengan un aspecto uniforme y que a lo largo del tiempo, sea más fácil el leerlos.

Recuerde: los procesadores de palabras modernos tienen muchas opciones de formato, no querrá que sus proyectos tengan aspectos diferentes para sus documentos ni mucho menos, que esto pase dentro de un mismo desarrollo.

Así que vaya ahora mismo, y comience a definir como es para su organización, un documento en blanco.

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